domingo, 29 de noviembre de 2009

La información quiere ser libre

La defensa de la libertad de la información no se basa en un ataque a la propiedad intelectual o los derechos de autor. Simplemente busca establecer una forma de distribución del conocimiento, precisamente ejerciendo esos derechos, que lo ponga al alcance de todo el mundo y cualquiera pueda usarlo en beneficio común.

La clave que deberían comprender quienes han convertido la defensa a ultranza de unos privilegios a perpetuidad en su objetivo, es la existencia de muchos nuevos productores de información que, ejerciendo su propia libertad de creación, han superado una lógica de distribución descentralizada y la estructura de poder, control y censura que ésta conlleva.

Y aquellos que quieran cerrar sus ojos o, lo que es peor, los ajenos a esta nueva realidad, se engañan al insistir en que son la piratería y el delito los que acabarán con su negocio y sus privilegios. No es así, es la simple lógica de un mercado postindustrial, basado en la libertad de creación y la abundancia propia de una red distribuida, lo que les adelantará por el arcén mientras ellos insisten en la necesidad de controles de carretera cada vez más paranoicos.

Islas en la Red

Laura Webster y su esposo David viven en el albergue que regentan para la compañía Rizome en la isla norteamericana de Galveston.

Mientras que David no aspira a más que una vida tranquila en este pequeño mundo, dedicando su creatividad a la construcción de sólidas edificaciones de arena aglomerada, Laura descubre que bajo esa misma arena la marea ha enterrado sucios restos con los que una puede tropezar mientras hace footing y llegar a provocarse dolorosas heridas.

Es entonces cuando Laura decide cavar hasta el fondo y llegar hasta las raíces de todo lo que se oculta bajo su playa, y del mismo modo, bajo la Red donde desarrolla su vida.

Y es observando detenidamente ésta Red de constantes intercambios, con rebeliones que surgen y se extinguen en cualquier isla y en cualquier momento, como llega a descubrir las distintas estructuras de poder que conviven en ella y dan respuesta a su manera a los retos que se les presentan.

Descubrimos con ella los paraísos de datos como Granada o Singapur, con su apuesta por estructuras centralizadas que los mantengan en su aislamiento; también conocemos coaliciones como la Convención de Viena y su cara oculta, el ELAT, que apuestan por una estructura de poder descentralizada basada en un fuerte jerarquía y un estricto control y censura de la información.

Y finalmente, conocemos nuevos tipos de corporaciones basadas en la democracia económica, que son conscientes de formar parte de una red distribuida y muestran la agilidad propia de una enredadera para establecer con sus rizomas nuevos puentes y conexiones según lo va exigiendo un mundo tan cambiante.

jueves, 19 de noviembre de 2009

La crisis del Alakrana

En mi clase de inglés de ayer surgió un intenso debate respecto a la crisis del Alakrana y la censura o respaldo a la gestión que ha realizado el Gobierno.

Vaya como anticipo que no conozco al detalle todos los aspectos operativos en que se basan las críticas o apoyos, muy posiblemente porque en las ocasiones en que me he acercado al tema a través de los medios generalistas me he sentido tan descorazonado que he preferido pasar a otro asunto (en mi ranking personal, el debate de la tarde del miércoles en la Ser entre representantes de partidos políticos fue insuperable: que si deben dimitir tres ministros, que si el barco ni siquiera llevaba bandera española -era la ikurriña-, que si el PNV no admite la intervención del ejército en territorio vasco pero ahora piden ayuda, etc, etc, etc; imagino que barbaridades como éstas se habrán podido leer y escuchar en muchos otros lugares)

Salvado pues este aspecto, cuando en la conversación que mantuvimos ayer noche me preguntaron el obligado "¿y tú que habrías hecho?", solo pude contestar de manera poco precisa con un "pues depende de lo que quisiera conseguir y de las circunstancias".

Era este un intento de expresar mi punto de vista referido a la necesidad de debates reales, no envenenados desde el inicio, en los que se consideren las circunstancias que rodean al asunto en cuestión y cuales podrían ser las mejores opciones para actuar en función de aquellas y del objetivo marcado.

Y es que las cosas no son solo blancas o negras: existe una infinita gama de grises que es donde habitualmente se sitúa el sentido común. No obstante, esta idea que no acabo de formular del todo bien la expresa magistralmente Juan Urrutia en su post de hace unos días referido también al tema del Alakrana visto desde la lógica del óptimo subsidiario.

Para finalizar diré que en el debate de anoche no llegamos a ningún tipo de acuerdo final sobre lo bien o mal que se ha gestionado el asunto, pero en el camino de expresar opiniones diferentes y examinar las alternativas sí que encontramos al menos un punto de acuerdo sobre el modo de gestionar una parte del problema.

Es muy posible que buscando estos pequeños puntos de acuerdo y actuando según ellos se pudiera intervenir en ésta y otras situaciones, modificando así al menos en parte las circunstancias y esperando que las nuevas condiciones nos dieran nuevas pistas sobre cómo seguir actuando en el futuro. Aunque claro está, habrá quien llame a esto improvisación...

jueves, 5 de noviembre de 2009

La rebeldía en las redes

Tras la lectura de "Aburrimiento, rebeldía y ciberturbas" de Juan Urrutia y repasar el post de Fer titulado ¿Estamos destinados al cambio?, debo matizar algunas de las ideas que exponía en mi anterior post y que ahora comprendo mejor.

En particular, cuando hablamos de la influencia de la topología de red (cerradas vs. abiertas) en la facilidad para que prospere una rebelión, según sea el umbral de rebeldía de los miembros, se presenta la aparente paradoja de que para umbrales bajos la rebelión prospera mejor en redes cerradas y tupidas, mientras que con umbrales altos el cambio se desarrolla más fácilmente en redes abiertas.

Siendo esto cierto, no lo era tanto mi interpretación en el sentido de que "pequeños cambios prosperan bien en redes cerradas, pero grandes cambios prosperan mejor en las abiertas". Y esto no es cierto porque la relación entre umbral de rebeldía y naturaleza o tamaño del cambio no es tal: en realidad, introduciendo el concepto de "irritación" que utiliza Urrutia en su texto, un umbral de rebeldía bajo lo que implica es un verdadero hartazgo o irritación (quizá también aburrimiento) tanto que no necesito tener constancias de demasiados apoyos para atreverme a iniciar la revuelta.

En el sentido contrario, un alto umbral de rebeldía se podría aplicar a aquellos cambios que "no me parecerían mal" pero que no me irritan a tal punto como para comprometer el equilibrio de la red (o lo que es lo mismo, la aceptación de pautas comunes entre los miembros) salvo que sepa que son muchos otros los que también quieren ese cambio.

Así pues, la conclusión parece ahora más clara: para un pequeño umbral de rebeldía (tal grado de irritación que propondría una revuelta aún con pocos apoyos) el conocimiento común de una red cerrada favorece encontrar esos pocos apoyos necesarios; ahora bien, para situaciones no tan irritantes, la ventaja de una red abierta en cuanto a su facilidad de crecimiento actúa a favor de actos de rebelión que requieren conocer la preferencia de un elevado número de agentes.

De toda esta interesante lectura me gustaría rescatar aún otra idea: en estas dinámicas de red donde la influencia de unos agentes en el resto (el conocimiento común de preferencias) es tan determinante, es muy probable encontrarse en un estado de equilibrio de Nash subóptimo. En una interpretación simple y práctica de este concepto, implicaría que existe un "mejor estado de las cosas" potencial pero que no se va a alcanzar nunca porque los agentes no propondrán un cambio (que sería mejor para todos) al no tener certeza de que contarán con apoyos suficientes (ya que si finalmente no contaran con apoyos se arriesgarían a perder una situación que aún les favorece personalmente, aunque no sea al máximo posible).

En este estado de cosas, reflexiono sobre el movimiento Otpor y otras revoluciones que de momento han quedado por el camino (Sahara occidental, elecciones en Irán, etc.) Imagino que en Serbia, un umbral de rebeldía cada vez menor y el mayor conocimiento común alimentado por Otpor y otros movimientos similares contribuyeron a un cambio muy necesario.

¿Y en otros casos? Pues sinceramente y muy a mi pesar pienso que es el equilibrio subóptimo lo que nos pesa (el clásico "qué dirán", que dirían algunos): ¿no es más fácil para la mayoría apagar la tele después de las noticias y esperar a que nuestros mayores - Gobierno, ONU, OTAN - "lo arreglen todo" como han hecho siempre?

Buscar ese mejor equilibrio posible a base de rebajar nuestro propio umbral de rebeldía (o atrevimiento consecuencia de la irritación), extender la red abierta con que nos relacionamos (la diversidad que tan inteligentemente identifica Fer en su post) y atreverse a "hacerse mayor" y expresar el propio deseo de cambio podría ser la alternativa...

...en otro caso, quizá sea el aburrimiento el que acabe viniendo al rescate.

viernes, 30 de octubre de 2009

La teoría de redes sociales en un mundo plano

Leo fascinado en la bitácora de las indias todo lo que encuentro sobre la para mí antes desconocida Teoría de redes sociales.

Descubro que con estos modelos y herramientas, evolucionados a partir de la microeconomía, la teoría de grafos y la psicología social, se puede representar la estructura de una red y, lo que es más importante, analizar y predecir de manera bastante fiable (con las limitaciones propias de quien juega con el futuro) el comportamiento de la red en cuanto a la circulación de "influencia" entre sus nodos.

Como punto culminante de esta teoría y apoyándose en las bases sentadas por modelos anteriores, Michael Chwe introduce la idea de que la propia estructura de la red, en función de la fortaleza o debilidad de la relación entre sus nodos (esto es, cómo de tupida es la subred entre ellos, también llamada "cluster") va a ejercer una influencia directa en el modo en que se podrá transmitir o no un mensaje, lo que es especialmente significativo cuando hablamos de mensajes disruptivos, o dicho en sus propios términos, aquellos que superan el umbral de rebeldía.

Añade a esto Juan Urritia una importante aclaración sobre la existencia de una relación inversa entre la debilidad o fortaleza de la red y su idoneidad para servir de soporte a una rebelión (entendida ésta como la transmisión de un mensaje de cambio desde una nodo origen al número de receptores suficientes como para sentirse respaldado). Así pues, en redes con vínculos fuertes donde hay muchas relaciones entre los propios nodos del cluster, es más fácil que se extienda tal tipo de mensaje si el umbral de rebelión es pequeño (es decir, si para el nodo origen solo es necesario tener la certeza de que le respalda un pequeño número de nodos relacionados)

No obstante, la implicación verdaderamente innovadora está en el comportamiento inverso: cuando el umbral de rebeldía es alto, es más fácil que el mensaje revolucionario se extienda a través de las relaciones más débiles, abriendo nuevos caminos de comunicación que previamente estaban cerrados.

Todo esto que puede parecer algo excesivamente teórico e incluso un poco críptico, es fácil de interpretar en múltiples situaciones del día a día que se basan en nuestras relaciones sociales (no hablamos solo de La Red): por ejemplo, en el contexto de una familia (red de vínculos fuertes) ¿no es más fácil que tengan cabida pequeños cambios de comportamiento, pero que cambios "rompedores" no sean bien acogidos (me dejé el pelo largo solo cuando salí de casa y empecé a vivir en otra ciudad, con un nuevo conjunto de "relaciones débiles")?

Y un comportamiento similar podríamos trasladarlo a otro ámbito como el de las relaciones laborales, donde personalmente en un momento de cambio muy significativo, observo y práctico la apertura de nuevos puentes con algunos entornos con los que hasta ahora solo mantenía relaciones ocasionales y poco asentadas.

En resumen, reflexionando sobre esta teoría que tan gratamente me ha sorprendido y tras la lectura de "El mundo es plano", texto con el que también he disfrutado, no me queda otra que recomendar y recomendarme la apertura de nuevos vínculos débiles en momentos de cambio como éste, especialmente cuando mi propia actitud es por el cambio, la innovación, la apertura y, en definitiva, la superación del umbral de rebeldía en tantos y tantos asuntos.

¿Será participar en Las Indias un buen caso de ejemplo?

Cyborgs cercanos

Su dedo pulsa el interruptor y un nuevo mundo se abre ante sus ojos. Es un mundo tan real como el que deja atrás, pero en éste las restricciones de movimiento empiezan a difuminarse y ahora puede alcanzar lugares antes inaccesibles, a la vez que los ya conocidos adquieren otra dimensión.

Mientras tanto, su cuerpo permanece sentado y quieto, si no fuera por el sutil movimiento de su mano manejando el joystick.

La nueva interfaz llegó a casa tras un largo y tortuoso recorrido, superando las dificultades inventadas por quienes decían que a su edad era prematuro conectarlo a un sistema como ese, y llegaron a plantear la necesidad de un minucioso examen psicológico y visual antes de permitirlo.

Pero él ya adivinaba algo que los demás no podían comprender: la necesidad de conectar, de ampliar su mundo y su experiencia; en definitiva, de convertirse en un nuevo ser mucho más completo que la simple suma de su parte orgánica y su parte artificial. Estaba dispuesto a demostrarles cuánto lo necesitaba, y su primera conexión fue suficiente para acabar con las reticencias.

Desde entonces se conecta cada día y nos enseña cómo integrar la tecnología en nuestra vida, nuestras relaciones y nuestra propia identidad. Como una atrevida avanzadilla, nos está mostrando el camino para vivir plenamente como los cyborgs que ya todos somos.

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Este pequeño relato pretende ser una humilde recreación del mito cyborg y las primeras visiones de los vaqueros de consola que nos transmitía Gibson, interpretadas desde la experiencia de mi hijo Manuel con su silla de ruedas.

martes, 27 de octubre de 2009

Mirrorshades, ciberia y el hacker en la enredadera

Sirva este título tan comprimido para presentar este post como un compendio con mis principales reflexiones a partir de las lecturas del itinerario indiano de este pasado mes, durante el que un complicado "inicio de curso" me ha hecho imposible ir escribiendo a un ritmo normal.

Me centraré en una idea transversal que está presente de una u otra forma en todos los textos que corresponden a este momento del itinerario, y que no es otra que el concepto de hacker.

Y como punto de partida tomaré una interesante entrada que he encontrado en el blog de Alejandro Carballo, referida a su interpretación del bricoleur en el relato "Dias verdes en Brunei" de W. Gibson y, en particular, lo que apunta sobre cómo su particular lenguaje va conformando la manera de ser del hacker (me apropio de la cita de Heidegger: "El lenguaje es la morada del ser")

Efectivamente podría plantearse que es el uso de un "nuevo lenguaje" lo que va creando ese yo tan particular (o esos "yoes" extendidos como enredaderas) que corresponde a lo que llamamos "hacker" o "bricoleur" y en el que, creo yo, todos nos podemos más o menos reconocer.

Simplificando mucho, podría entenderse el lenguaje como el vehículo que permite a un individuo expresar sus inquietudes dentro de un contexto particular, y entonces plantear la pregunta de la siguiente forma: ¿cuál es el nuevo lenguaje del hacker? O, dicho de otra forma ¿qué inquietudes guían a un hacker y cuál es el contexto en que se desenvuelve?

Respecto a las inquietudes, una aproximación interesante sería la de Linus Torvalds en su introducción a "La ética del hacker", donde establece que éste individuo ha completado su evolución desde la inicial motivación por la supervivencia hasta un siguiente nivel basado en las relaciones sociales y, finalmente, un último paso donde lo que le motiva es el entretenimiento. Y en este punto, una buena interpretación sobre qué entender por "entretenimiento" cuando se habla del hacker podría ser la que aparece en el primer capítulo de Ciberia, comentando las primeras experiencias con los juegos de ordenador:

Mientras recorría las numerosas pantallas del juego
y recogía objetos mágicos, Craig aprendió que podía
usar aquellos objetos para «ver» partes del juego
que nadie más veía. Aunque había completado todas
las tareas de las primeras fases del juego, regresó a
ellas para explorarlas con su nueva visión. A Craig
ya no solo le interesaba ganar el juego; eso lo podía
hacer sin esfuerzo. Ahora lo que quería era meterse
dentro de él.

Esta es en definitiva la inquietud del hacker: ver lo que otros no ven, guiarse por su propio placer y no solo por el resultado que espera obtener, buscar la satisfacción de alcanzar un conocimiento que quiere ser libre y compartido.

Y completando el puzzle, esta inquietud que caracteriza al hacker se encuentra de repente en un contexto donde explorar otros mundos empieza a ser posible (psicodelia, realidad virtual, la red...) donde muchos límites empiezan a caer (geográficos, sociales, culturales) y donde el crecimiento en red (como una "en-red-dadera") empieza a dar forma a una nueva ética del trabajo, las relaciones sociales y el reconocimiento mutuo.

Así pues, es en este contexto y partiendo de aquellas inquietudes donde los hackers empiezan a crear un nuevo lenguaje, ese que les va a permitir encontrar las brechas por donde comenzar a expresarse en su propio idioma.

Y para finalizar este post me gustaría incluir una referencia a uno de los relatos de Mirrorshades que más me han gustado, "Petra" de Greg Bear, cuando habla de las bases desde las que construir un nuevo mundo y unas nuevas reglas, una vez que han caído las cortinas que impedían entrar la luz:

El Cristo de Piedra dice que su energía está agotándose. Si
Dios nos libera de los viejos caminos, no podemos
esperar que Su Hijo nos siga dando de mamar, ¿no
es así?

(...)

¿Te enseñé algo de las reglas de la
arquitectura, quiero decir, de la estética? ¿La
necesidad de la armonía, de la interacción, de la
utilidad, de la belleza?
—Un poco —dije.
—Bien. No creo que construir un universo nuevo
requiera mejores reglas. Sin duda necesitaremos
experimentar y quizás uno o más de nuestros
geniales chapiteles se caerá. Pero ¡ahora trabajamos
para nosotros mismos, para nuestra propia gloria!